Si pudiera entender a la ficción y aplicarla a la realidad, sería por medio de este libro.
No hay un modo correcto de entender o interpretar la historia, sin embargo, hay insinuaciones clave en el libro que son aplicables a la vida real, y que, a partir de la experiencia, cobran un significado.
En las relaciones personales, se entiende el domesticar como ese proceso en el que dos seres van comprendiendo la importancia del otro. A medida que pasan tiempo juntos, se acumulan vivencias y/o momentos que fortalecen el vínculo. Entonces un niño o una sociedad genérica lo entendería como tener una mascota, como el adueñarse o que alguno de ambos seres sea dependiente del otro, prácticamente sólo desde el contexto de animales y personas.
A mí no me parece tan distinto, solamente, está falto de lo más importante: son ambas partes las que se domestican; no es hacer dócil al otro, es disponerse a lo bueno mientras dure y a lo malo cuando acabe. El principito y el zorro se domestican, pero me parece que entre el aviador y el niño también ocurrió, ya sea con intención o sin ella, el aviador no era un hombre más para el principito, y el principito no era un niño más para el aviador.

También se podría interpretar como un viaje personal con el que es muy fácil identificarse, ser un poco distinto al resto, tener ambiciones, perderse en su rumbo… y volver a levantarse enriqueciéndose de experiencias y personas, dejándose untar de lo que se dejó de creer esencial en una sociedad egoísta, banal, monótona, controlada y controladora (reflejado en los distintos personajes que habitaban los planetas a los que El Principito viajó en su recorrido) que puede hacernos perder desvanecer y perdernos en nosotros mismos.
Este libro nos invita, a más que entenderlo, reflexionar sobre él y, aunque pueda parecer muy irreal y alejado de nuestra práctica, es muy fácil lograr relacionarlo con nuestra vida, la vida que no es tangible, esa que sólo nosotros interpretamos de un modo distinto al resto. Que nuestras caídas significan volver a levantarnos y aprender de ellas, que el que una relación sea efímera la hace aún más especial, y no dejarnos perder en esa sociedad que es vacía y que todo lo que acabo de mencionar no es absolutamente importante, porque cito, «lo esencial es invisible a los ojos»
Julieta Monsalve – 901 Jornada Única – Sede A (Una actividad de Comunicación Digital).