Por: Juan David Moreno – 1102 – Personero Escolar 2023
Si bien es cierto que desde el primer día en que recibimos nuestra primera clase nos han inducido que el hecho de estudiar nos es útil para la vida, también es cierto que en temas prácticos y de aplicabilidad, va muy separado (por completo) del concepto, alejándonos de nuestro día a día sumiéndonos en un mundo que quizá no es, o no existe. La vida y su realidad es abrupta a comparación de cómo nos la plantean, o, como dirían los jóvenes, “no es como la pintan”. Va más allá de letras y números, de tableros llenos y de transcripciones textuales; es más de tener la capacidad para ser feliz y de ser lo suficientemente capaces para auto sostenernos.
Como seres humanos, y más específicamente como colombianos, tenemos un sinfín de necesidades que requieren de ser suplidas y atendidas, entonces la grande incógnita es: ¿Realmente nos es útil para la vida todo aquello que nos enseñan, o es más bien una limitación de lo que podría ser una visión amplia sobre la misma?
Analíticamente hablándolo podremos concluir que lo que aprendemos en las aulas quizá no es precisamente lo que necesitamos para la vida, sino más bien, una desviación total en saber cómo debemos afrontarla, y es que, ¿de qué nos puede servir a nosotros, por ejemplo, la matemática NO básica, o la física y la química; la filosofía y la religión?, ¿de qué? si ninguna de estas áreas (entre otras) se convierte en una herramienta a utilizar para satisfacer nuestras necesidades… ¿Por qué no podrían ser más importantes, por ejemplo, la educación en sexualidad, en nutrición, en inteligencia emocional, en creatividad, en CULTURA CIUDADANA, en programación, en conciencia ambiental, en manejo de finanzas, o, inclusive, en meditación?, ¿por qué no si esto apunta directamente a lo que requerimos como personas y como sociedad?
Sabemos que el modelo educativo que nos ofrecen actualmente, además de ser infructífero, es ineficiente y LIMITANTE; adhiriendo a esto el poco asertividad que algunos docentes tienen a la hora de enseñar o abordar su clase, manejando metodologías huecas, o, inclusive, sin alguna metodología en sí. El interés por parte del estudiante al hecho de aprender no solo depende de su disposición y compromiso, sino también de cuan llamativo puede ser el hecho de adquirir conocimientos, y en esto influye la manera en como el docente pretende que el alumno aprenda, teniendo a consideración sobre qué mecanismos o herramientas son utilizados, desde el hecho de cómo se busca acaparar la atención y la participación por parte del estudiante, hasta el hecho que implica la buena relación entre ambas partes, sabiendo de que en el medio de ambas a veces es posible hallar brechas que obstruyen la poca comunicación, o, inclusive, la mala de la misma. En conclusión, no es lo que se aprende, sino como se hace. No me mal interpreten, no es una fijación hacia los docentes, ni mucho menos hacia la vitalidad de su rol en la sociedad, sino más bien hacer alusión a algo que no está yendo de la mano con el fundamento y la esencia que esta labor contrae.
Como estudiante y como ciudadano, reconozco que, dentro de su ardua labor, estos ejercen su vocación como promotores y contribuyentes hacia una mejor sociedad, proporcionando mejorías en su ámbito profesional teniendo como base la propiedad de su rol.
Es importante saber que las condiciones a las que los profesores deben enfrentarse, o más bien, ADAPTARSE, a la hora de ejercer, son totalmente precarias y sin garantías, que no brindan seguridad alguna, y mucho menos incentivan; ante todo y esto, bien puedo concluir que lo que compete a sus labores es de admirar, de exaltar y reconocer, pero que muy en el fondo también es para frustrarse ante un modelo que los somete y los diminuta.
¡Hay que cambiarlo!, sigue estando en nuestras manos, depende aún de nosotros, pero es que, para llegar a cambiarlo, debemos previamente ser auto cambiantes y autocríticos, debemos ser más conocedores de lo que concierne a un mejor mundo, debemos construir lazos que creen más seres humanos y menos estudiantes/docentes, debemos tener una visión amplia y colectiva frente a la humanidad y saber que, aunque de hormigueros diferentes venimos, hormigas somos todos. Nadie es ajeno a esto.
¡Es la educación el camino para ser humanidad!, y no, no es el hecho de aprender, sino de lo que aprendemos; la educación es la vida en sí misma.