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LA MODA DE LA EDUCACIÒN INCLUSIVA

 

LOS PATITOS… FEOS? (Discapacitados)

Érase una vez… una inmensa granja, que excluía los patitos feos y luego los incluía cariñosamente señalándolos como Discapacitados.

Armando Alarcón 

Introducción

Érase una vez una granja (sistema educativo) que tenía muchos estanques (colegios) para paticos “normalitos/bonitos” y los que  eran “feítos” los tenía en estanques especiales y apartados. Los patitos que se encontraban en éstos últimos estanques,  compartían con sus compañeritos donde se sentían parte de…,  es decir, convivían con sus “semejantes”. Allí, nadie se creía superior a los demás y si alguien se creía superior, la verdad al resto les importaba un “comino”. Paralelamente, estaban cuidados y FORMADOS por personal especializado (veterinarios y disciplinas complementarias que se habían formado para asistir las dificultades propias de los patitos feos). 

Un buen día, al dueño de la inmensa granja se le ocurrió que era una práctica de discriminación mantener a los patitos feos en estanque diferentes y le comentó a su hermosa hija (la princesa), que iba a cambiar a los patitos feos para los estanques de los patitos bonitos. La hermosa hija hinchó su pecho de alegría, daba saltos de felicidad y su tierno corazón no cabía de gozo. Su lindo padre había comprendido finalmente el dolor de los patitos feos de sentirse excluidos (¿si?) y los iba a integrar con los patitos bonitos.

 

En efecto, llevó a los “feítos” donde los “bonitos” y que zaperoco el que se formó. Los patitos que se creían bonitos (porque hasta sus padres se los hacían creer) formaron sindicato y empezaron a rechazar a los que llamaban “feítos”. Los insultaban, los segregaban y hasta los agredían. Es más uno de los “feítos” no aguantó la presión y discriminación y prefirió ahogarse. Todo fue dolor y nostalgia en la granja. Hasta los que se creían bonitos estaban sufriendo.

 

Estando la hermosa princesita, hija del dueño de la granja, sumida en la más profunda melancolía por la muerte de uno de los patitos feos y por la segregación y humillación de la que estaban siendo víctimas, notó con sorpresa que un gran destello de luz se posaba ante ella y… que gran estupor… un HADA  MADRINA se le apareció y le explicó que lo que había ocurrido realmente no era que su padre quisiera que los patitos feos fueran felices al lado de los bonitos. Que lo que su padre quería era disminuir los costos de mantenimiento de los estanques de los patitos feos, porque le estaban saliendo muy costosos. Era más barato tenerlos a todos revueltos y disminuir salarios y cerrar algunos pozos.

 

La princesa sorprendida y un tanto incrédula habló con su padre quien le explicó que eso era falso, que no se dejara llenar la cabeza de ideas equivocadas, que lo que la gente quería era que ellos se pelearan y no se quisieran màs. La princesita se encontraba muy confundida porque no entendía cómo era que su padre hablaba de incluir a los patitos feos haciendo lo que hacía y además llamándolos patitos “Discapacitados”. Decidió entonces estudiar veterinaria, economía y administración agropecuaria y…   ¡ SIN … SALABIN !

 

La princesita COMPRENDIÓ en su justa dimensión lo que estaba ocurriendo. A partir de ese momento entendió que no había patitos feos ni bonitos, que sí, existía la discriminación, que la naturaleza era sabia y que el dueño de la granja era su padre y no ella. No pudo cambiar la política de su padre, tampoco a su padre, pero COMPRENDIÒ muy bien qué clase de persona era su papá. Lo que nunca pudo entender la princesita fue, por qué, si la idea era no discriminar los “Paticos feos”, los discriminaban llamándolos DISCAPACITADOS.

 


 

 Desde hace algunos años, varios países occidentales -y Colombia no “quiso” quedarse atrás-, adoptaron la perspectiva de la educación inclusiva con enfoque diferencial,  perspectiva que pretende hacer visibles las formas de discriminación contra aquellos grupos considerados diferentes por una mayoría o por un grupo hegemónico para brindar adecuada atención y protección a los derechos de estos grupos poblacionales, con el objetivo de ofrecer una atención educativa pertinente y de calidad a todos los niños y adolescentes con “Discapacidades sensorio-motoras e intelectuales”  y a los grupos “Étnicos minoritarios”, población con “Enfoque de género”, y “Desplazados del conflicto armado”.

 

En el documento del Ministerio de Educación Nacional -2017- (1), se afirma que la atención educativa ofrecida a los estudiantes con discapacidad (las sensorio-motoras-intelectuales) debe potenciar sus fortalezas y habilidades, evitando prácticas de marginalización, segregación y exclusión. Este discurso puede sonar un tanto arrogante cuando no existe una cultura de tradición en este aspecto y por el contrario, si existe una tradición a nivel nacional de instituciones que han crecido al lado de las políticas estatales de turno (toda vez que hasta los primeros años de este decenio, el mismo Ministerio de Educación secundaba al igual que sus Secretarias de Educación Regionales, la especialización y exclusividad de estas prácticas de enseñanza y formación en ámbitos o instituciones con ciertos grados de especialización y profesionalización disciplinar).

 

El hecho de la existencia y crecimiento a lo largo de varios decenios de instituciones como la “Corporación síndrome de Down”, “Fides”, “Fundación Andecol”,  “Fundaciòn Alem”, “Cedesnid”, “Fe”  y más de un centenar de ellas en tan solo la ciudad de Bogotá, dan cuenta  de la importancia y necesidad de la especialización de éste servicio. Otra forma de argumentar la presente mirada, es el hecho de invitar al total de la población usuaria de estos centros educativos especializados, a que trasladen a sus hijos (familias pertenecientes a los estratos 5º y 6º) a los colegios oficiales, donde sin lugar a dudas, su respuesta sería “reservada”, es decir, en la medida que su capacidad de pago lo permitiera, mantendrían a sus hijos o familiares en las instituciones privadas y básicamente, porque en el sector oficial, la infraestructura es inexistente o muy precaria y la calidad del servicio queda en entredicho: ausencia de rampas, ausencia de sanitarios adaptados para las limitaciones físicas, ausencia de sillas de ruedas, ausencia de aparatos ortopédicos, ausencia de prados o espacios propicios para la práctica de equino-terapia, no disponibilidad de ganado equino, ausencia de piscina, ausencia de zona de jacussi, ausencia de duchas, la posibilidad real de tener un abordaje multidisciplinar (fonoaudiología, terapia ocupacional, terapia física, enfermería, medicina, psicología, psiquiatría, personal asistencial, servicio de transporte puerta a puerta, etc.).

 

En el sector oficial, el estudio  socio-demográfico de las discapacidades, es bien preocupante, en especial si tenemos en cuenta que usualmente existe un sub-registro (y con mayor razón en el caso del registro de  las poblaciones étnicas minoritarias, poblaciones con enfoque de género y poblaciones desplazados de la violencia), donde no sólo se evidencia la limitación del estado colombiano para registrar objetivamente la estadística, sino que ésta se ve alterada por motivaciones político-partidistas en la presentación de las mismas.

 

En cuanto a las discapacidades funcionales hace referencia, el MEN levantó un estudio sociodemográfico que trata de dar cuenta de la distribución de estudiantes con discapacidad inscritos en el sistema educativo formal en Colombia. Según datos del Simat a septiembre de 2016:

 

Sordo-ceguera…………………………………………………………………………………….0,2

 

Sordera profunda ………………………………………………………………………………..0,5

 

Ceguera ……………………………………………………………………………………………0,6

 

Trastornos del espectro autista……………………………………………………………….2

 

Trastornos permanentes de voz y habla…………………………………………………….2

 

Baja audición……………………………………………………………………………………..5

 

Discapacidad física………………………………………………………………………………7

 

Baja visión…………………………………………………………………………………………7

 

Discapacidad psicosocial………………………………………………………………………4

 

Discapacidad intelectual……………………………………………………………………….53

 

Tomado del estudio del MEN 2017. (2)

 

Como se aprecia los datos son del año 2016 y el registro solo da cuenta de aquellos casos en que los estudiantes han sido matriculados en la base del SIMAT con un diagnóstico pre-existente, es decir son estudiantes que no han sido valorados de un punto cero (0), si se permite la expresión. Son estudiantes que han sido valorados previamente y llegan con ese diagnóstico a ser matriculados a la Secretaría de Educación. Aquí no se encuentran los casos de los estudiantes que sin tener diagnóstico, presentan funcionalmente limitaciones tan marcadas o más marcadas de aquellos que han contado con la “suerte” de haber sido valorados previamente. De hecho, pareciera que puede ser mayor el número de estudiantes con discapacidad sin diagnóstico, que los que lo poseen con cierta formalidad.

 

Las prácticas de marginalización, segregación y exclusión que son acciones que busca evitar a toda costa esta nueva política nacional de educación inclusiva, se queda en la mayoría de casos, en la retórica escrita, en especial cuando las mismas instituciones (MEN, SED, IED) no han tomado las medidas  de adecuación necesarias, no solo en la infraestructura (rampas para estudiantes con discapacidades motoras que requieren para su movilización de sillas de ruedas o aparatos ortopédicos especializados, guías y adecuaciones físicas especiales para estudiantes invidentes), sino la contratación de profesionales especializados y sólo para citar un ejemplo, profesionales en la educación de lenguaje de señas para el caso de la población sorda o con importantes grados de pérdida auditiva. Es decir un sinfín de disciplinas y especialidades derivadas no sólo de la educación, sino del sector salud; que cubran la habilitación y la rehabilitación de los seis (6) sentidos (visión, audición, cenestésica, olfativa, gustativa y táctil) y de la integración de los mismos, es decir la discapacidad intelectual y adaptativa.

 

Amén de las adecuaciones en la infraestructura física, otro elemento tan importante como ésta, es la “infraestructura ideológica y afectiva” de la población que recibiría este conglomerado (los cuatro sectores o grupos poblacionales arriba descritos: población con discapacidad, grupos étnicos minoritarios, grupos con enfoque de género y grupos desplazados del conflicto armado), es decir, la cultura que ha formado a la población que no hace parte de ellos, mismos que en una “retribución” lógica, han buscado con esfuerzo instituciones especializadas y estrategias para su atención especializada. 

 

En ésta línea, la “población receptora” macro, es la sociedad en general y particularmente, la “población receptora” micro, es la comunidad educativa o colegio (no solo para el caso de la población con discapacidades), es decir: el colegio ubicado en un sector determinado, donde los docentes no fueron preparados, ni teórica ni procedimentalmente para entender ni acompañar los estudiantes con capacidades diferenciales; y mucho menos los padres de familia, ni directivos, ni especialmente la población estudiantil. Primordialmente ésta población, no está preparada para compartir su espacio vital con estudiantes victimas del desplazamiento armado, grupos étnicos minoritarios -incluso personas desplazadas de otros países como es el caso de los Venezolanos-, y los estudiantes con discapacidades.

 

Son diversas las variables o aspectos que circundan esta particular interpretación y puesta en marcha de la “educación inclusiva” propuesta por el gobierno nacional y secundado como es de esperarse por el gobierno distrital, local e institucional. Es decir, hay varios aspectos que no fueron considerados para la implementación de esta política, por demás ambiciosa.

 

No basta con ampliar la cobertura a “pupitrazo limpio” por decreto, sin abordar otras aristas de una situación bien compleja que acompañan las poblaciones desplazadas por el conflicto armado, grupos étnicos minoritarios, población con enfoque de género y la población considerada “Discapacitada” en su inter-relación con el resto de población con quienes compartirán estrechamente algunos “nichos sociales”, como en el caso de la institución “escuela” que aglutina diferentes actores al interior de las cuatro paredes de la instituciòn.

 

Algunas de las aristas o variables que deben ser consideradas en ambos grupos poblacionales son:

  • La experiencia previa de poblaciones desplazadas por la violencia, quienes generalmente han interiorizado con mayor efectividad respuestas violentas frente a las inclemencias sociales frente a la más mínima de las sospechas (entiéndase la reactividad de un joven venido de una zona violenta, cuando uno de sus compañeros citadinos hace una broma que es interpretada como beligerante y percibida potencialmente amenazante y dañina de la integridad personal) y como primer opción de respuesta aparece como un automatismo la violencia a ultranza, sin considerar que la población civil con la que están compartiendo en la ciudad, es ajena a esa realidad.
  • La perversión propia de la condición humana, especialmente en la edad de la infancia y la niñez y, reforzada con lujo de detalles en la pubertad y la adolescencia por la sociedad en general (entiéndase las palabras, gestos y agresiones físicas y simbólicas utilizadas por la población estudiantil hacia sus compañeros, no como una respuesta de legítima defensa, sino como una acción o serie de acciones que busca vulnerar los derechos del otro, su integridad emocional y física, sin importar incluso en algunos casos, la posibilidad de poner en juego su propia vida y donde fundamental se recrea placer frente al dolor del otro)
  • La frustración que genera no solo en los estudiantes a quienes se les estaría incluyendo (que en varios casos, realmente lo que se hace en ultimas, es excluirlos), sino quienes deberían estar incluyendo, al sentir que ahora son ellos sujetos de exclusión de algunas oportunidades que ahora se ven disminuidas.
  • La percepción de injusticia o falta de equidad que se esfuerzan por esgrimir aquellos que consideran que deben tener las mimas prerrogativas que los estudiantes que objetivamente presentan menoscabo en sus funciones intelectivas o físicas, que finalmente hace menos difícil el proceso de adaptación a una cultura determinada.
  • La descalificación con la que suelen dirigirse a sus “pares”, no considerados así. Descalificaciones verbales, comportamentales, simbólicas y puntualmente emocionales y afectivas, como lo mostraré con situaciones reales ocurridas en nuestro diario vivir institucional en renglones seguidos.
  • La discriminación, que más allá de ser una palabra o grupo de palabras sórdidas y descalificantes (retardados / atolondradas / bobos / lentejas / etc.), que suelen lastimar por su significación, es la actitud que conlleva la persona que siente cierto grado de rechazo y/o repulsión, o por lo menos considera que él o ella tienen una condición preponderante, que no solo lo diferencia sino que lo hace superior, hacia la persona con algún grado de “Discapacidad”, entendida ésta como se afirma en el documento del Ministerio de Educación Nacional (2)   “…conjunto de características o particularidades que constituyen una limitación o restricción significativa en el funcionamiento cotidiano y la participación de los individuos, así como en la conducta adaptativa, y que precisan apoyos específicos y ajustes razonables de diversa naturaleza.

Cuando un ser humano adolece de ciertas potencialidades o dicho de otro modo, presenta ciertas carencias o limitaciones de cualquier orden, es discriminatorio reemplazar su nombre (derecho constitucional a tener un nombre y una nacionalidad) por un apelativo como los apelativos sórdidos arriba citados o por otros más sutiles, pero igualmente discriminatorios. Me permitiré dar un ejemplo con el que pretendo ser didáctico.

 

Me permitiré hacer cierto énfasis en el análisis realizado en las personas consideradas con “Discapacidad”: usualmente las personas no señalan a una persona que tiene un cáncer en alguna parte de su cuerpo, como “.., allá viene ese cáncer”, o cuando una persona tiene síntomas concomitantes con una gripe, no se le señala diciendo…allá “viene esa gripa, o allá va esa neumonía”. Por respeto se dice: Allá viene don Jaime, quien tiene un cáncer muy agresivo. O allá viene Natalia, tiene una gripa brutal, etc.  Nunca se cambiará su nombre por la condición de salud que posea.

 

Porqué razón entonces, usar apelativos descalificantes y ocasionalmente sofisticados para disfrazar lo mezquino de los primeros que ejemplificamos aquí?

 

Apelativos como “discapacitado” o “estudiante de inclusión”, me son particularmente repulsivos, tanto como los de: “pobrecito”, “diferente”, “desplazado”, “veneco”, por parte de la comunidad educativa, pero especialmente por parte de algunos profesionales que se dirigen hacia los estudiante con estos apelativos. Hay realmente diferencia significativa al señalarlos -porque eso es lo que objetivamente se está haciendo-,  con el apelativo de “especiales” / “con retardo” / “con discapacidad”? Creo que sencilla y respetuosamente, es el estudiante…  “Alejandro”. No el estudiante “discapacitado” o el estudiante “especial”.  Punto! Tiene un nombre como el resto de sus compañeros y así debe ser llamado y así se le debe referir.

 

  • El mutismo que suele caracterizar a personas con menoscabo en su inteligencia emocional y cognitiva, que adicionalmente en su experiencia social han sido víctimas también de maltrato en sus diferentes expresiones y que genera mayor grado de vulnerabilidad frente a sus pares. Mutismo que usualmente facilita que los sigan violentado y esta práctica se quede en el anonimato.
  • El ejemplo que han recibido históricamente de sus cercanos (familia) y especialmente de los medios masivos de información (televisión, internet y prácticas publicitarias que exaltan el manejo institucional segregado -Teletón, Fides, El banquete del millón, etc.-) y esto es una trampa ideológica, porque si bien es cierto es una práctica segregante, no menos cierto es que en la mayoría de casos, es mejor estar o hacer parte de un gueto, que estar por fuera de él, donde seguramente no será aceptado ni comprendido, sino que en la cotidianidad institucional será segregado y violentado.

 

Una vez señalados algunos de los aspectos o variables (8), que considero no solo intervinientes, sino determinantes en el espectro del proceso de inclusión, quiero precisar que para un niño o joven del promedio (entre más baja sea su edad o el curso en el que se encuentre), le será más difícil compartir su espacio vital con un “par” con limitaciones sensoriales y/o intelectuales (e incluso con características sociales diferenciales como es el caso de estudiantes desplazados por la violencia y los otros tres), pues no sólo es perturbador sino engorroso, en especial desde el ámbito de la dinámica escolar que invita en forma implícita y explícita a la competencia, y aclaro, no sólo a ser competentes sino altamente competitivos. Reclamos de muchos estudiantes, incluso de media fortalecida donde reclaman el trato “preferencial” del que son objeto estos estudiantes pertenecientes a la “Inclusión”.     

 

Para ilustrar lo anteriormente dicho, es didáctico recoger algunas (entre tantas otras) experiencias institucionales dolorosas ocurridas en este claustro:

 

Una niña con “discapacidad intelectual” (ya de por sí, el calificativo o rótulo “Inclusión” o “Discapacidad” es excluyente y marginante) de siete (7) años de edad, fue atacada por otras dos niñas de otro grado y mayores que ella en el mismo plantel, con el agravante, que no fue un ataque esporádico ni casual, sino que venía dándose en forma “silente para los demás” desde hacía ya, algún tiempo. Desde hacía varios días atrás, la niña era víctima de maltrato verbal, físico y humillación por parte de las mismas dos niñas no sólo en el colegio, sino incluso en la ruta escolar. Finalmente la niña fue asaltada dentro de uno de los baños, donde le fue cortado su cabello con tijeras, sumergida su cabeza en la cisterna con fluidos corporales, forzada a chupar un dulce untado con las misas secreciones y finalmente se le intentó ahogar con las manos (ahorcamiento).

Y todo por qué?  En la versión escrita de las agresoras, por ser una niña “diferente”, de inclusión. Inclusión misma, para la cual la comunidad educativa no fue preparada, ni los docentes, ni sus directivas, ni los padres de familia, ni especialmente, los mismos estudiantes.  

 

Otro caso ilustrativo, es lo ocurrido con un estudiante de media fortalecida, donde sus compañeros (adolescentes) exigen ser tratados con las mismas pre-rogativas evaluativas que él. Adicionalmente la crueldad verbal con que algunos de ellos le tratan con expresiones como: “retrasado mental” o “enfermito”, poniendo de manifiesto la perversión de nuestra condición y la falta si no de conciencia social, si de claridad respecto de ésta condición que estadísticamente es más grande que lo que supone la inmensa mayoría de nuestra población estudiantil.

 

Estos casos y otros tantos que no considero útil ventilar, me permite hacer los siguientes interrogantes:

  • Qué discrimina más: la segregación de que es víctima el estudiante de “Inclusión” por parte de sus “pares” cuando no lo incluyen en sus actividades lúdicas en el patio de recreo, o la atención descontextualizada que realiza el docente de turno, que no ha estudiado “Educación Especial”, ni ninguna carrera afìn en una universidad acreditada ni ha tenido la experticia de trabajar más de cinco (5) años con supervisión y asesoría por parte de profesionales de la educación, de la salud y de la rehabilitación en una institución especializada, como algunas de las que citamos en los primeros renglones de este articulo ?
  • Qué discrimina más: el maltrato y descalificación de que es víctima el estudiante de “Inclusión” por parte de sus pares cuando lo increpan e insultan en forma explícita con calificativos y rótulos despectivos como los citados renglones atrás, o la descalificación que hace la institución (docentes, directivos, padres de familia -porque es una “moda” que impone el mismo sistema-) al rotularlos y estigmatizarlos, en el mejor de los casos con el apelativo de “DISCAPACITADOS” o estudiantes de INCLUSIÒN, recordándoles que antes eran excluidos y ahora ya son incluidos al interior de un grupo de referencia, pero con el rotulo de Interesante forma de “incluir…”:

 

No se trata pues de estigmatizar ni segregar o excluir la población con enfoque diferencial, como es el caso de la población con discapacidad. Se trata de prestar un servicio OPORTUNO, EFICIENTE Y EFECTIVO. Un servicio calificado y de alta calidad (que como se aprecia, el estado no está en condiciones de prestar a partir de la promulgación de actos legislativos y administrativos sin contar con los recursos físicos, financieros y humanos necesarios para tal fìn). No permitamos que con sofismas y embelecos, se venda la idea de una inclusión maniquea e irresponsable en la práctica, donde se termina excluyendo al interior de un abrigo aparentemente incluyente con andamiajes teóricos para otros contextos socio-culturales válidos, pero que en nuestro contexto, terminan siendo subterfugios poco útiles.

 

 

 

Aun cuando la invitación muy posiblemente no tendrá eco alguno, sugiero que las instituciones sean incluidas en un proceso de sensibilización gradual y con un plan piloto estructurado y sistemàtico, adecuando no solo física sino  emocional y afectivamente a las comunidades educativas por parte de personal calificado.  

 

 

 

 

 

 

Referencia Bibliogràfica

 

  • Ministerio de Educación Nacional (2017). Documento de orientaciones técnicas, administrativas y pedagógicas para la atención educativa a estudiantes con discapacidad en el marco de la educación inclusiva. Bogotá.
  • Ibídem Nº 1, pág. 41

 

 

 

Documento de orientaciones técnicas, Armando Alarcón Rodríguez.     

 

 

 

 

Colegio Tom Adams, Localidad 8ª.

Orientación y Asesoría Escolar

Psicólogo.  Especialista de desarrollo infantil.  Magister en Estética e Historiografía.

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